“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.“ (1 Juan 4:10) - “El Señor se manifestó a mí desde lejos, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te he atraído a mí con mi gracia.” (Jeremías 31:3) ¡¡El amor de Dios precede al nuestro, nos busca aunque no le busquemos nosotros y persiste aunque le demos la espalda!! Tal amor es la fuente de nuestra esperanza, aún en los momentos más oscuros de nuestra vida: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre o desnudez, o peligro, o espada? … ni la muerte, ni la vida…, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo… nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús nuestro Señor.” (Romanos 8:35-39)
¿Y cuántas veces nos busca Dios en su amor entrañable y no nos damos cuenta, o pasamos de Él? No sabemos cuánto dolor le causamos con nustra indiferencia y dureza de corazón, pero la Biblia nos revela que Él nos sigue amando y llamando a un camino mejor: “Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo rebelde, que va por mal camino, siguiendo sus propias ideas…” (Isaías 65:2) - “Cuando se acercaba a Jerusalén, Jesús vio la ciudad y lloró por ella. Dijo: ¡Cómo quisiera que hoy supieras lo que te puede traer paz!” (Ev. de Lucas 19:41-42)
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Subía la estrecha calle hacia mi casa, cuando la oscuridad de la noche respiraba todavía la lluvia que había entristecido aquel domingo. Una extraña sensación de soledad llenaba mi alma, y sobre mi corazón pesaba una carga al pensar en el día siguiente: ¿qué me iba a traer la nueva semana que tenía por delante? ¿Iba a ser tan llena de contratiempos, aflicciones y preocupaciones como la que acababa de pasar? Bajo la débil luz de las farolas abrí el regalo que me había dado mi amiga al despedirnos: era un precioso diario que llevaba en la tapadura la imagen de un faro dominando los acantilados de un mar agitado, pero iluminado por los rayos de sol que atravesaban las oscuras nubes … Debajo de la imagen había un versículo de la Biblia: “El Señor será tu eterna luz.”, y en el dorso decía: “Tu sol ya no se pondrá, ni tu luna se retirará…”
Me emocionó este gesto tan amable e inesperado de mi amiga, pero más aún el hecho de que llevase estas palabras de esperanza - ¡y además un versículo de la Biblia en cada página del diario! Era como un toque muy personal de Dios mismo que ponía su mano sobre mi hombro y me susurraba al oído: “Yo estoy contigo, te quiero, ¡no tengas miedo!” Proseguí mi camino consolada, recobrando ánimo y acordándome de la historia de Agar: Dios visitó a aquella sierva egipcia cuando ella erraba desorientada, afligida y desamparada por el desierto… “El Dios que me ve” le llamó después de este encuentro tan personal. - Dios es misericordioso, y se mueven sus entrañas cuando ve a sus criaturas sufrir. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados”, nos invita Jesús, “…y hallaréis descanso para vuestras almas.”
¡Gracias, Dios, por amarme!
S. Py
(estudio bíblico sobre el trato de Dios con Agar: vea “La preocupación de Dios por él que sufre”)
Dios ve el dolor y quiere ayudar. Lo observamos en el ejemplo de su trato con Agar, la sierva de Sara:
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¿Quién soy? ¿Qué hago con mi vida? ¿Vivo la vida a la que fue destinado? Un cuento nos ilustra estas cuestiones existenciales:
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