Cosas que nos dominan y relaciones que agobian… Todos conocemos a personas que “se meten” demasiado en la vida de otras, que son demasiado dominantes o que incluso manipulan a otros - consciente o inconscientemente -, que siempre imponen su voluntad y su opinión y no dejan libertad al otro para pensar, ser y actuar de forma diferente, sin cosechar crítica o rechazo. Por otro lado, conocemos a personas que se sienten agobiadas, controladas, manipuladas y hasta abusadas por otras. ¿Y, como este fenómeno se puede producir a un nivel muy sutil, tal vez pertenecemos nosotros mismos a una u otra de estas dos categorías de personas? A lo mejor, por culpa de una limitación malsana de libertad personal, sufrimos o hacemos sufrir nosotros. Innumerables problemas en la vida de las personas y en la nuestra propia - que necesitan consejo sabio de parte de la Palabra de Dios - son el resultado de este tipo de desequilibrio… Se trata en realidad de una confusión de límites: - ¿Hasta dónde tiene otra persona el “derecho” de penetrar en la esfera privada de su semejante, que incluye sus opiniones y decisiones, y hasta qué punto es “responsable” o no del otro y de su vida? - ¿Dónde empieza y dónde acaba la “libertad” del otro, que el verdadero amor cristiano no debe limitar? Hay un libro muy bueno y muy útil (que algunos seguramente ya conocen) sobre esta temática tan crucial: “Límites” de Dr. Henry Cloud y Dr. John Townsend (Ed. VIDA, 2000). También habla de cómo encontrar un equilibrio sano en nuestra vida práctica, laboral, emocional y espiritual. Además de explicar con mucha lucidez, basándose en lo que Dios nos muestra en su Palabra, el fondo de la problemática, nos enseña de una manera muy concreta el camino para salir del desorden y del abuso, estableciendo límites sanos, defenderlos y mantenerlos. ¡Os recomendamos este libro! Será de mucha ayuda para vosotros y para otros. Os añado 2 textos que reflejan la misma temática a un nivel muy sutil, sin abuso, sin rechazo abierto, con toda buena intención de parte de los “superiores”… - pero dañino en la percepción de la persona “inferior”. En realidad, el problema se produce más por la percepción y reacción de la persona dominada que por la manera de ser de la parte dominante. ¡Y allí está la esperanza! No podemos cambiar al otro…, ¡pero podemos cambiar nosotros! Y en esto nos quiere y puede ayudar Jesús. Es lo que hizo en el caso de aquella niña.
Que el Señor os bendiga,
Sigrid Py
Historia de una niña.
Petición.
Un libro que tienes que conocer:
“Victoria sobre la oscuridad” de Neil Anderson (Unilit, 2002)
Hace poco tuve que preparar unas clases sobre este libro que ya conocía muy bien…, pero fue de gran bendición personal para mí meditar de nuevo sobre el tema de nuestra nueva identidad en Cristo y todas las aplicaciones prácticas para la vida cristiana y para la consejería bíblica que Anderson desarrolla y con las que nos identificamos plenamente. Varios hermanos nos han escrito diciendo que han sacado mucho provecho de este libro utilizándolo en discipulados o en predicaciones para su iglesia. ¡Es una buena idea! Si enseñásemos más sobre estos temas, podríamos probablemente prevenir de manera significativa una serie de problemas que encontramos en nuestras iglesias y en las vidas de los creyentes. Nos darían también una buena base para la consejería individual. Así que os animamos a incluir los temas de este libro en vuestro ministerio de enseñanza - de la forma que sea - para instruir a otros en el “buen camino”…
S. Py
Estimados hermanos,
permitidme compartir un pensamiento con vosotros: Como dice la Palabra que consolaremos a otros con el consuelo que hemos recibido nosotros, así también seremos consejeros en la medida que hemos sido aconsejados por el Buen Pastor de nuestras almas (1 P.2:25) y Consejero Maravilloso (Is.9:6).
Cuando estaba completando la 2ª parte de mi resumen de “Victoria sobre la oscuridad” de Neil Anderson, me tuve que detener un momento y venir a la cruz con lo que el Señor me reveló sobre mi misma… De pronto entendí lo que me estaba haciendo sufrir desde muchos meses, ¡porque muy sutilmente - sin que yo me diera cuenta - se habían infiltrado en mi mente y corazón pensamientos e intenciones que en realidad pertenecían a viejos patrones abandonados hace tiempo! Al confesarlo a Jesús y dejarlo a sus pies, sentí en seguida como “la verdad nos hace libres” (Jn.8:32), y el gozo del Espíritu Santo pudo ocupar de nuevo aquel rincón oscurecido de mi corazón.
Así que quisiera animaros a:
- tomar tiempo para meditar sobre los temas de este excelente libro (si no lo tenéis, ¡vale la pena comprarlo!),
- pedir al Señor que lo use para hablaros al corazón y revelar quizás cosas que su Espíritu Santo quisiera tocar para haceros crecer en Su semejanza,
- reflexionar, a base de estas enseñanzas, sobre las personas que veis a vuestro alrededor sufrir de conflictos y luchas y que necesitarían transformación y liberación de parte del Señor.
Que el Señor os bendiga,
Sigrid Py