Me impactó el otro día la historia - tan conocida - del ciego Bartimeo en Mc.10: ¿Cómo pudo la gente ser tan insensible y decirle que se callara? - ¿Podría ser que hagamos a veces lo mismo, decirle a uno que sufre: “No grites, no te quejes, el Señor no se va a molestar a ocuparse de este problema”? Quizás no lo decimos con palabras, sino con nuestra actitud o con nuestro silencio… ¡Ojalá seamos como aquellos que le dijeron al pobre ciego: “Ánimo, el Señor tiene compasión de ti… - ve a él, te llama”! Y ojalá los que sufren no se callen, sino griten más fuerte y encuentren quienes les acompañen al Buen Pastor, compasivo y poderoso…
Esta mañana venía en nuestra lectura diaria Sal.22:24 “…no menospreció ni desdeñó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le escuchó.” Os comparto dos pequeños documentos que van en la misma línea de pensamiento: un ‘poema’ sobre nuestro silencio frente al afligido y un artículo sobre nuestra responsabilidad de preocuparnos unos por otros.
Sigrid Py


